Las dos caras de la comunicación,
lejos de ser ajenas la una de la otra, están por así decirlo ‘condenadas’ a
mantener una estrecha e inevitable relación. A pesar de ser diametralmente
distintas, por no decir opuestas en muchos de sus objetivos e intereses, ambas
se nutren del mismo tipo de profesionales, por lo que no es extraño encontrar a
periodistas que hayan pasado de los medios de difusión a los gabinetes de
comunicación y viceversa.
Pero el nexo más fuerte entre el
periodismo y los gabinetes de comunicación deriva de su propia naturaleza como
agentes de la comunicación: los gabinetes se constituyen como el órgano
comunicador de las empresas e instituciones ante el conjunto de la sociedad,
pero deben cuidar de forma mucho más notable aún su relación con los medios,
siendo toda una prioridad para ellos a causa de su gran influencia en el
público. En las gestiones de crisis, los gabinetes deben tener extremo cuidado
con lo que se publica en los medios, procurando entablar una comunicación
frecuente y fluida con los mismos. Los medios se harán eco de las llamadas al
boicot de un producto, de una empresa o de un partido político, por lo que
deben ser considerados como una prioridad fundamental en la estrategia
comunicativa de los gabinetes.
El ámbito en el que la relación
entre gabinetes y periodistas se acentúa con mayor fuerza, probablemente, es el
de la comunicación política. Los partidos políticos, como tales, son objeto de
un interés continuo por parte de todos los medios de comunicación. Siempre son
noticia. En este sentido, la interacción entre los gabinetes de los partidos
políticos y los periodistas es igualmente constante, tratándose además de un
continuo conflicto de intereses cruzados. Los periodistas buscan noticias que
les resuelvan la audiencia durante un determinado periodo, y si encuentran
algún ‘bombazo’, alguna información escandalosa, eso constituye para ellos un
auténtico triunfo. Los profesionales de los gabinetes de comunicación, en
cambio, son los responsables de evitar que esos ‘bombazos’ informativos
provengan de la empresa o partido para el que trabajan. Su misión no es
perseguir la verdad, la objetividad o el servicio público, sino el beneficio;
la defensa de los intereses particulares (políticos, económicos, etc.) de una
institución, ofreciendo una comunicación parcial, subjetiva y centrada en mantener
pulcra una imagen de marca o personal de cara al público.
De esta manera, la interacción
entre periodistas y gabinetes puede ser en múltiples ocasiones un
enfrentamiento de intereses, donde el periodista causa problemas al gabinete y
este puede llegar a dificultar su labor. No obstante, hay que tener bien claro
que los medios de difusión no necesitan a los gabinetes para informar. Los
gabinetes de comunicación, en cambio, están constituidos por especialistas en
medios de difusión que son perfectamente conscientes de la importancia de
cuidar y trabajar su relación con el periodismo. Hoy en día, los medios siguen
teniendo el público, las audiencias, el principal target de las empresas y la
razón del dinero que invierte en publicidad en ellos. Por lo tanto, concluiría,
el periodismo sigue teniendo una posición de ventaja sobre los gabinetes de
comunicación, que sólo pueden reaccionar ante la iniciativa informativa de los
medios de difusión. Sin embargo, esta interacción no siempre tiene por qué ser
conflictiva; en numerosas ocasiones se da en forma de una cooperación
absolutamente correcta que interesa y beneficia a ambas partes.






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