España
es el primer productor mundial de aceite de oliva. Las cifras de este a veces
infravalorado sector son espectaculares: sólo en nuestro país, representa un
negocio de 11.886 millones de euros, ocupa una superficie de producción de más
de dos millones y medio de hectáreas (la mayor de toda la Unión Europea) y supone
el 45% de toda la producción mundial de este producto.
Viendo
estos números, no es de extrañar que la feria internacional más importante del sector
se celebre en Madrid. La V edición del World Olive Oil Exhibition reunió el
pasado mes en IFEMA a productores y profesionales llegados desde todos los
rincones del mundo en los que se produce este elemento estrella de la gastronomía
española. Allí, se dieron cita unas 700 empresas productoras y 4.000
profesionales de una treintena de nacionalidades, destacando algunas como
Japón, China, Emiratos Árabes, Reino Unido, Italia y Estados Unidos. Como
novedad, se contó por primera vez con la asistencia de productores llegados desde
un país tan distante como Sudáfrica, y entraron en escena los cada vez más
pujantes países árabes, como Turquía y Túnez. Prueba del auge que está
adquiriendo este producto en los países de Oriente Medio y del Norte de África
fue la asistencia del embajador de Egipto en España, Omar Ahmed Abdel Wahab
Selim, así como del presidente del Comité Oleícola Internacional de Egipto,
Adel Khairat, presidiendo la importante delegación egipcia llegada a Madrid con
motivo de una feria que año tras año consolida y acrecienta su prestigio
internacional.
Por
supuesto, tampoco faltaron los productores españoles. Importantes
colectivos como la DOP Baena, Bajo Aragón, Montes de Toledo, Montes de Granada,
Campo de Calatrava, Sierra de Moncayo, Campo de Montiel, Sierra de la Alcarria,
Campo de Calatrava o Aceites de Agricultura Ecológica de Aragón o Valle de
Alcudia; además de la Interprofesional del Aceite de Orujo de Oliva (ORIVA) y
productores de otras regiones como Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana o
Almería, demostraron por qué nuestro país sigue siendo el epicentro mundial de
la oleicultura.
Por Comunidades, Andalucía es el principal bastión del oro verde
en nuestro país. Produce el 85% de todo el aceite español, lo que a su vez
representa el 32% del aceite mundial. Sus olivares ocupan ni más ni menos que
el 30% de toda su superficie agraria. Le siguen muy de lejos en cuanto a
producción Castilla La-Mancha (6,60%), Extremadura (2,70%), Cataluña (2,20%) y
Aragón (1%).
Expertos
y productores coinciden en que el futuro del aceite de oliva está en los
mercados extranjeros, siendo el español un mercado ya muy maduro y con pocas
expectativas de crecimiento. Actualmente, el alcance y las dimensiones del aceite
de oliva español sobrepasan de lejos nuestras fronteras. Las exportaciones
representan el 60% de todo su negocio, y el aceite de oliva ocupa el cuarto
lugar entre los productos agroalimentarios más exportados desde España,
únicamente por detrás de los cítricos, el vino y la carne de porcino. Según
datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, desde 2007 el
volumen de las exportaciones de este producto se ha incrementado un 48%, con
una media anual de 746.000 toneladas y más de un centenar de países de destino repartidos
por los cinco continentes. No obstante, la Unión Europea acapara la mayor parte
de ellas, concretamente el 75% de las exportaciones españolas.
De
Europa igualmente proceden la mayor parte de las importaciones de aceite de
oliva que llegan a España, siendo Portugal e Italia nuestros principales
suministradores comunitarios, y Túnez el más relevante de los
extracomunitarios. No obstante, el volumen de las importaciones es irrisorio
comparado al de las exportaciones, lo que otorga a España una balanza comercial
claramente positiva en este sector, plasmada en un saldo que en 2012 alcanzó
los 1.743 millones de euros.
No
obstante, y pese a sus formidables magnitudes, es muy probable que la
relevancia de este sector sea mayormente ignorada por amplios sectores de la
población española. A pesar de estar tan arraigado en nuestra cultura y en
nuestro consumo diario, este sector corre el riesgo de ser percibido como algo
minoritario o con poca relevancia. Algo que puede deberse a la escasez de
publicidad que realizan las empresas productoras frente a la situación de
madurez en la que se encuentra el mercado español, pero que redunda también en
su escasa presencia en los medios de comunicación durante la mayor parte del
año, cuando no se producen eventos. Esto puede contribuir al desconocimiento
por una parte de los españoles, que ignoran hasta qué punto nuestro país
ostenta el liderazgo mundial en un sector con una cada vez mayor proyección
internacional.
A
pesar de ello, esta circunstancia tampoco debería suponer una gran pérdida
nuestros oleicultores. Todo parece indicar que el aceite de oliva español puja
con fuerza propia en los mercados internacionales, aumentando año tras año su
volumen de negocio y generando un importante foco de ingresos y actividad
económica en amplias zonas rurales del sur de España. Nuestro oro verde, sin
lugar a duda, sigue siendo un auténtico producto de éxito.