El
dinero, entendido como el elemento central y medio comúnmente aceptado de medición
del valor de bienes y servicios a la hora de su intercambio, es algo tan
antiguo como en el ser humano como el comercio. Entendido en un sentido más
amplio, dinero fue en el pasado todo aquello que se canjeaba a cambio de otros
bienes en el primitivo sistema de trueque; objetos y materiales muy distintos
de nuestro concepto actual del dinero, como el ganado (de donde procede el
término “capital”), la sal (de donde procede “salario”), el metal o incluso las
conchas. Estos materiales, apreciados por sus cualidades físicas, rituales o
sagradas, no tenían a menudo valor más allá del ámbito de una determinada
comunidad humana.
Con
el tiempo, se impuso el uso de los metales preciosos como forma de dinero
comúnmente aceptada en el ámbito comercial. Estos metales (oro, plata, cobre…),
extraídos naturalmente de explotaciones mineras, aparecieron en un primer
tiempo como lingotes, pero luego se armonizó su uso y valor entorno a un nuevo
sistema: la moneda, piezas circulares cuyo valor se basaba en la cantidad de
metal precioso que contenían, medido en función de su peso. Se perfeccionaron
los procesos metalúrgicos y los Estados comenzaron a controlar la producción de
monedas de forma integral, desde la extracción del metal hasta la artesanía
productiva y la acuñación de este dinero en las cecas o Casas de la Moneda.
La
moneda se convirtió en el más práctico sistema de dinero no sólo para las
transacciones comerciales, sino también para la recaudación de impuestos y
tributos para el Estado. Pronto se convirtió en símbolo de poder, riqueza y
prestigio por parte de la autoridad que las acuñaba. Pero su importancia no es
únicamente monetaria, sino también histórica, ya que los grabados e
inscripciones que aparecen en ellas han ayudado a los historiadores a conocer periodos
y elementos de la historia, notablemente figuras monárquicas y entidades
políticas, que de otro modo habrían caído en el olvido. De ahí surgió la
Numismática, la ciencia encargada del estudio de las monedas y el dinero, una
disciplina fundamental para la Arqueología, puesto que las monedas son el
reflejo del poder político de su tiempo.
La
acuñación de monedas supuso el final del trueque como sistema principal de las
relaciones comerciales, aunque no lo hizo desaparecer del todo, persistiendo
notablemente en el ámbito local y rural donde no se estandarizó completamente
el uso de dinero metálico prácticamente hasta el siglo XX. No obstante, gracias
a este sistema surgieron los primeros bancos, quienes comenzaron a emitir
billetes en Europa a partir del siglo XVI, cambiando entonces el pesado metal
de las monedas por un material mucho más práctico y transportable: el papel. En
la actualidad, la introducción del dinero digital está volviendo a revolucionar
los sistemas de cambio y comercio; la conocida como “Cuarta era” de la historia
del dinero, una revolución financiera llegada de la mano de Internet, el nuevo
mercado global. Esta nueva tecnología, que ha globalizado la oferta y la
demanda de bienes y servicios, ha traído consigo la aparición de las criptomonedas;
divisas que, por primera vez en la historia, escapan al control de los Estados
y de los bancos y no están reguladas por instituciones públicas sino por sus
propios usuarios. Se trata de una nueva forma de cuantificar el valor de las
cosas a través de dinero que ya ni siquiera existe físicamente, aunque sobre
ellas pesan la inseguridad, la volatilidad de su valor en divisas
convencionales y las acusaciones de fraude.






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