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miércoles, 23 de mayo de 2018

Los alimentos ecológicos u orgánicos. ¿Qué son?


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Los alimentos ecológicos son aquellos productos provenientes de sistemas agrícolas y ganaderos que emplean técnicas de producción basadas en el respeto del medio ambiente, la minimización del impacto humano y la prioridad de una producción natural de carnes y vegetales. Por ello, para poder ser considerados ecológicos y distintos de los producidos por la agricultura convencional, estos alimentos deben carecer de pesticidas, plaguicidas y fertilizantes sintéticos; deben estar exentos de manipulaciones genéticas como los transgénicos y, en el caso de la ganadería, deben emplear moderadamente el uso de antibióticos.

Este tipo de alimentos goza en la actualidad de gran popularidad, debido especialmente al crecimiento de la preocupación y de la sensibilidad con respecto a las dos cuestiones fundamentales de su razón de ser: el cuidado del medio ambiente y la alimentación saludable. La agricultura y la ganadería ecológicas dan respuesta al primero de ellos, siendo más respetuosas con el entorno natural que los sistemas de producción industriales a través del empleo de técnicas ecológicas como la rotación de cultivos, la selección de especies vegetales y animales resistentes a enfermedades y con adaptaciones regionales, la cría en espacios abiertos, el aprovechamiento de los recursos cercanos a la zona de cultivo o cría y el respeto de los ciclos vitales de los sistemas naturales.

Sin embargo, y a pesar del ingente número de estudios que se han realizado al respecto, los científicos no se ponen de acuerdo a la hora de afirmar si los vegetales y las carnes producidas de forma ecológica son más saludables, sabrosas y beneficiosas que los productos de la agricultura y la ganadería convencionales. En 2014, un estudio publicado en la revista British Journal of Nutrition por un equipo de expertos de la Universidad de Newcastle afirmó, tras analizar más de trescientos estudios sobre el tema, que los alimentos ecológicos poseen mayores concentraciones de antioxidantes y ácidos grasos beneficiosos omega-3 que los convencionales, así como niveles hasta un 50% inferiores de metales pesados tóxicos como cadmio, el plomo y el mercurio, los tres contaminantes más frecuentes en los alimentos. Sin embargo, este estudio recibió amplias críticas que cuestionaban su imparcialidad al haber sido financiado en parte por Sheepdrove Trust, una organización benéfica británica a favor de la agricultura ecológica.

Por otro lado, ya en 2009 y sobre la base de una extensa revisión de estudios sobre este asunto publicados desde 1958, la revista The American Journal of Clinical Nutrition publicó un estudio en el que los expertos concluían que no hay una evidencia clara de la existencia de diferencias en la calidad de los nutrientes entre productos ecológicos y convencionales, reconociendo eso sí que los primeros tienen una menor exposición a los residuos de pesticidas.

Los productos ecológicos deben pasar los mismos controles sanitarios que el resto de los alimentos, pero en su caso cuentan también con una legislación específica que intenta simplificar y ajustar los controles en función del riesgo y el control del fraude, así como contribuir a mejorar la situación de los productos ecológicos e incrementar la confianza del consumidor. No obstante, debe tenerse en cuenta que este tipo de productos, a pesar de estar sometidos a estrictos controles evaluados por entidades de certificación, también tienen riesgos, sobre todo de contaminación bacteriana. Es el caso de la E scherichia coli, a menudi relacionada con los cultivos ecológicos, que protagonizó en 2006 uno de los brotes infecciosos más graves producidos por los alimentos ecológicos en Estados Unidos, a raíz del consumo de espinacas ecológicas contaminadas por esta bacteria al haber sido abonadas con estiércol de animales. Es por ello que los beneficios para la salud de esta clase de alimentos también han sido muy cuestionados.

Los productos ecológicos poseen precios más elevados que los convencionales, pero con la ventaja de contar con un público muy fiel que está dispuesto a pagar más por ellos debido al componente ético de esta clase de producción. Se trata de un tipo de consumidor que valora una agricultura y una ganadería de proximidad, así como las prácticas responsables con el medio ambiente. Según estudios de la Unión Europea, el mercado de productos ecológicos está creciendo a un ritmo de 10-15% cada año y estos productos representan el 4% de todos los de la UE.

En Madrid hay gran cantidad de mercados y establecimientos en los que se puede comprar productos de agricultura y ganadería ecológica, prueba del fulgurante crecimiento de este mercado. También las plataformas de venta online y reparto a domicilio, como es el caso de cestaverde.com, que se presenta en su página web como la plataforma creada por alguien (Manuel Luis Castellano) que siempre ha valorado la calidad y el sabor superior y más auténtico de los productos frescos de su pequeño pueblo, producidos con técnicas naturales en entornos abiertos, en su temporada y de forma respetuosa con el medioambiente, argumentos todos ellos en la línea de la publicidad y el marketing del sector de los productos ecológicos.

jueves, 3 de mayo de 2018

Los cambios en el valor a través de la historia del dinero


El dinero, entendido como el elemento central y medio comúnmente aceptado de medición del valor de bienes y servicios a la hora de su intercambio, es algo tan antiguo como en el ser humano como el comercio. Entendido en un sentido más amplio, dinero fue en el pasado todo aquello que se canjeaba a cambio de otros bienes en el primitivo sistema de trueque; objetos y materiales muy distintos de nuestro concepto actual del dinero, como el ganado (de donde procede el término “capital”), la sal (de donde procede “salario”), el metal o incluso las conchas. Estos materiales, apreciados por sus cualidades físicas, rituales o sagradas, no tenían a menudo valor más allá del ámbito de una determinada comunidad humana.

Con el tiempo, se impuso el uso de los metales preciosos como forma de dinero comúnmente aceptada en el ámbito comercial. Estos metales (oro, plata, cobre…), extraídos naturalmente de explotaciones mineras, aparecieron en un primer tiempo como lingotes, pero luego se armonizó su uso y valor entorno a un nuevo sistema: la moneda, piezas circulares cuyo valor se basaba en la cantidad de metal precioso que contenían, medido en función de su peso. Se perfeccionaron los procesos metalúrgicos y los Estados comenzaron a controlar la producción de monedas de forma integral, desde la extracción del metal hasta la artesanía productiva y la acuñación de este dinero en las cecas o Casas de la Moneda.

La moneda se convirtió en el más práctico sistema de dinero no sólo para las transacciones comerciales, sino también para la recaudación de impuestos y tributos para el Estado. Pronto se convirtió en símbolo de poder, riqueza y prestigio por parte de la autoridad que las acuñaba. Pero su importancia no es únicamente monetaria, sino también histórica, ya que los grabados e inscripciones que aparecen en ellas han ayudado a los historiadores a conocer periodos y elementos de la historia, notablemente figuras monárquicas y entidades políticas, que de otro modo habrían caído en el olvido. De ahí surgió la Numismática, la ciencia encargada del estudio de las monedas y el dinero, una disciplina fundamental para la Arqueología, puesto que las monedas son el reflejo del poder político de su tiempo.

La acuñación de monedas supuso el final del trueque como sistema principal de las relaciones comerciales, aunque no lo hizo desaparecer del todo, persistiendo notablemente en el ámbito local y rural donde no se estandarizó completamente el uso de dinero metálico prácticamente hasta el siglo XX. No obstante, gracias a este sistema surgieron los primeros bancos, quienes comenzaron a emitir billetes en Europa a partir del siglo XVI, cambiando entonces el pesado metal de las monedas por un material mucho más práctico y transportable: el papel. En la actualidad, la introducción del dinero digital está volviendo a revolucionar los sistemas de cambio y comercio; la conocida como “Cuarta era” de la historia del dinero, una revolución financiera llegada de la mano de Internet, el nuevo mercado global. Esta nueva tecnología, que ha globalizado la oferta y la demanda de bienes y servicios, ha traído consigo la aparición de las criptomonedas; divisas que, por primera vez en la historia, escapan al control de los Estados y de los bancos y no están reguladas por instituciones públicas sino por sus propios usuarios. Se trata de una nueva forma de cuantificar el valor de las cosas a través de dinero que ya ni siquiera existe físicamente, aunque sobre ellas pesan la inseguridad, la volatilidad de su valor en divisas convencionales y las acusaciones de fraude.
 
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